miércoles, 19 de agosto de 2020


Guillermina Trinidad Cerrato Flores de Días Zelaya
(Mina Cerrato)

https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgnBDOJGrbm3PaDk7SRsGfMZG8XY-BAWSF2HNwEpDjIRgH8FsowLht7-7yCMXbUcgjabKQBpBKkofOxTcS0hebV1aHZnWwm034Nfd0XoD0Vfi5FNNjCw9OX7IHCtn3p0e_ECItBl7x1bsQ/s1600/guillermina.jpg


(Pespire, Choluteca, 10 de febrero de 1912 – Tegucigalpa, 23 de enero de 2003). Fue una escritora, poeta, política y gestora cultural egresada del Instituto María Auxiliadora (ISMA). Doña Mina Cerrato fue maestra y directora de la escuela de su municipio. Es la responsable de introducir la primera alfarería decorativa en Ojojona en los años 50. Además, fue regidora y alcaldesa de policía de esta localidad, lo que le permitió relacionarse con diversos personajes de la esfera política del país.
La profesora Guillermina Trinidad Cerrato Flores de Díaz Zelaya nació el 10 de febrero de 1912 en el municipio de Pespire, Choluteca, Honduras. Estudió en el Instituto Salesiano María Auxiliadora. Luego de obtener su título, fue maestra y directora de la escuela de su pueblo. Pasados los años, se trasladó a Tegucigalpa para administrar las farmacias de su cuñado, el doctor Jesús Aguilar Paz.
En 1945, después de 15 años de noviazgo, se casó con el cuentista, periodista y político ojojonense Samuel Díaz Zelaya. Desde ese momento adoptó Ojojona como residencia, viajando continuamente a Tegucigalpa.
A finales de la década de 1940, la «Tía Mina», como fue conocida por la sociedad, abrió en Ojojona un restaurante adonde los fines de semana llegaban políticos y empresarios capitalinos.
Entrados los años 50, gestionó talleres a cargo de alfareros salvadoreños. Por ende, se le atribuye a ella la implementación del torno. Posteriormente, inauguró la primera alfarería decorativa en la zona: «Ojojona Típico».

Poema

Llegaste como un noble jilguero a mi ventana,
contándome en tus trinos la gloria del pinar.
Llegaste; y entró en mi alma la luz de la mañana
repleta de ilusiones y ajena de pesar.

Llegaste y florecieron las rosas perfumadas
que estaban en capullos, allí, en mi corazón.
Les distes, con tus plumas, la magia de la Hadas
y fue el rocío claro, la miel de tu canción ...

Y llena de entusiasmo la olanda prisionera
que llevo en esta vida, vistió el traje mejor;
fue todo como un ritmo de alegre primavera
y juntos entonaron el Himno del Amor.


Carlos Manuel Arita Palomo

https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjWq-qwJNtgHVORsb9k5IIPl8Iv7xFVT9TQ38rjl6bmEzt_jlfsv_ELRFHWR_xOz8RhFBO6llXrqoZXojy3x72w5diIpdjus0C0yixf2uvCDEV4ZJCnr86j0DjELAfDG3CIzjBuoSG8YHI/s320/carlos+arita.jpg

Nació en el año 1912 en Ocotepeque, Honduras y falleció en el año 1989 en El Salvador.
Inicio sus estudios jurídicos en Tegucigalpa, finalizándolos en León, Nicaragua.
En el gobierno del doctor Roberto Suazo Córdoba fungió como presidente de la Corte Suprema de Justicia. Vivió durante mucho tiempo en El Salvador, donde murió. En ese país publicó la Revista Centro América Ilustrada y el semanario Esfinge. En Honduras dirigió la Revista Correo Literario de Honduras, auspiciada por el Ministerio de Educación Pública, desde 1959 hasta 1963.

Poema

CANTO AL MAR

Mi corazón se vuelve carabela
en la azul acuarela
del mar.

Es hermosa la noche, y la luna
es la esclava moruna
del mar.

Siente el alma una fresca alegría
y es la noche lunar como el día
en el mar.

Tejiendo va el viento su azul serenata
y en la noche de plata
cantando está el mar.

Y un pescador en su canoa de oro
va sacando con su azuelo un meteoro
del fondo del mar

La noche se vuelve como una azucena,
se quita del hombro una capa morena
y se baña en el mar

Viene una ola con otra jugando
y una gaviota que pasa volando
las besa al mar.

Y nos habla de amor y armonía
la clara pedrería
del mar.

Y en filas los luceros
se van iluminando los senderos
del mar.

Y me pongo a soñar junto a la playa
y son mis sueños como una atarraya
del porte del mar.

Y al oeste se duerme una bahía
en la azul lejanía
del mar.


Claudio Barrera (Vicente Alemán)

https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhjH0ayhsjV5wLvxTiFawrnP9yUhd_5oL91nt-cadZ0yEask59MVVkvhcTBHNdmgMa8HxJ3Mm4X3hLjEziX5q7t5btKFBT4hS7FFuEnC01c8mfv-M6qs3Zn7ViTWSt87pjd0K9_YBcm_OA/s1600/claudio+barrera.jpg

Claudio Barrera (1912- ). Claudio Barrera (seudónimo de Vicente Alemán), junto con Cárcamo, Laínez, Ponce, Padilla Coello..., son las voces más significativas de la poesía hondureña surgida entre 1925-40.

Nación en la Ceiba el 17 de septiembre de 1912. Realizó estudios de Comercio y Bachillerato. En 1949 funda las revistas literarias Surco y Letras de América, de Tegucigalpa. El estado le concedió en 1954 el Premio Nacional de Literatura Ramón Sosa. Dirigió la página literaria sabatina del diario El cronista de la capital hondureña.

En 1965 publicó su Poesía completa. En la introducción de la obra nos habla de la poesía y ofrece algunos datos sobre el ambiente socio-literario en que se desenvolvió su vida y la de otros compañeros y amigos. Dice: "Así hemos ido agrandando el paso de nuestra marcha, con trabajo y perseverancia, pero ya Honduras tiene acústica espiritual para nuestra inquietud espiritual de hilvanar versos... Ya no somos los trasnochados cantores de las novias melancólicas y lejanas entre vasos de ajenjo y canciones inútiles. Nuestros cantos cumplen una misión social Nosotros constituimos la armonía espiritual del pueblo y traducimos celosamente sus luchas, sus ideales y sus desesperanzas".

Poema

UN PEDAZO DE TIERRA
              
Un pedazo de tierra,
es también paz y sombra y compañía.
Además de pedazo de tierra.

Es amor en la ausencia
y es la caricia grata
que da la compañera.
Además de pedazo de tierra.

Es el hijo que nace igual que las espigas
y los granos de trigo.
Es la novia, la madre y el amigo.
Además de pedazo de tierra.

Es casi el corazón latiendo a gritos
en la pz de los patios.
Es algo que jamás se nos separa,
algo que está en nosotros.
Además de pedazo de tierra.

Es canto que se pega a los labios
como un beso del viento.

Es el temblor del agua en el invierno
y el verano sediento.

Un pedazo de tierra es compañía
porque es sangre y espíritu
y nos hace vivir
con la diafanidad de la poesía.

Un pedazo de tierra
es sepulcro
y es grata compañía...


Céleo Murillo Soto

https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEheU-42rYZALBulr91PAPnKe-45WEBu_NDvFv7gLRSysKgUDrU2mUXn51vDWGEEYrHW3GUR3EO-hzHMhauBLv5Z2RlAsR4XsSkb53ZmPM9WTiECGA4os1Jh_NmFslMOyZimUPSRH3hqCc8/s320/celeo.jpg

(Nació en Olanchito, el 28 de septiembre de 1911 y murió en Nueva Orleáns, el 24 de febrero de 1966). Poeta, periodista y diplomático. Realizó estudios de Derecho, que culminó en 1940, en la Universidad Central de Honduras. En 1956 se desempeñó como Cónsul en Nueva Orleáns. Durante varios períodos fue presidente de la APH y en una de sus gestiones se construyó la Casa del Periodista. Colaboró con los periódicos “La Época”, “Prensa Libre”, “El Nacional”, “El Día”, y con los semanarios “La Nación”, “Nuestro Criterio” y “Avance”. La municipalidad de Tegucigalpa instituyó un premio anual de periodismo que lleva su nombre.

Poema

ESTA MUCHACHA LOCA

Esta muchacha loca no volverá este invierno
Sola estará la casa brumosa de nostalgia
Las aguas del arroyo crecerán y subirán los cauces
y yo estaré allá solo entre los álamos.

No volverá este invierno ya más esta muchacha
Sus manos imposibles no abrirán estas puertas
ni este jardín en sombra sabrá
cómo sus dedos deshojan los rosales.

La tarde sus caireles peinará en la distancia
y en las nubes lejanas sus azules ojazos
descubrirán inmensos paraísos de lágrimas...

Y entonces, qué más da, que ya no vuelva,
que se ausente de aquí para este invierno?
Corazón aterido de sueños,
fuerte como los árboles tristes como los páramos.

Que no descanse en el sillón
como una mariposa infortunada,
que no mire más con sus ojos
de luz y de misterio.

Que no vuelva a besar acariciante y trémula.
Que no torne a decir palabras como rosas.
Que no me quiera más y que no vuelva
porque hablará el silencio...

¿A qué sabrá esta casa cuando vuelvan las lluvias?
¿Cuándo el viento arrecido golpee los cristales?
¿Y los pájaros se escondan en la noche?
¿A qué sabrá esta casa donde estuve con ella
largas y amables horas de amor y de fatiga?

Cuando venga el invierno todo estará en silencio:
La mesa donde un día me habló de cosas vanas
de jacintos floridos y de lilas tempranas,
de abscónditos milagros y voces ignoradas,
de los días de ausencia, de las cosas que pasan.

Esta muchacha loca no volverá este invierno:
se fue como las nubes, casi como los pájaros
y este jarrón de lilas se musitará en silencio.

En tanto, estaré solo debajo de los álamos.


Argentina Díaz Lozano

https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEg3vJBus2CbNccuAdfDPJ2lm5LKs7_s-BdCJ0jhdekOiwlAQqczFDhzPcJ8IMaDfyDfftmHNUWHN81ZIr_BA2M6MiogV7FjYUjtYqqYMOW16z7PXAe6iTQTadbkWCfB7YrfwdT-yMK7tqI/s320/argentina.jpg

Nació el 15 de diciembre de 1912 en Santa Rosa de Copán, Honduras y falleció en el año 1999 en Tegucigalpa, Honduras.
Contrajo matrimonio con Porfirio Díaz Lozano, de quién adoptó sus dos apellidos literarios.
Estudió en Estados Unidos y en la Universidad de San Carlos, de Guatemala, donde reside desde 1944. Diez años después, la Facultad de Humanidades de la Universidad de San Carlos le otorgó el título honorario de Licenciado en Periodismo.
Dirigió la Academia Moderna de Tegucigalpa entre 1940 y 1943. Colaboradora de El Imparcial de Guatemala y de La Hora en Guatemala, ha obtenido varios premios.
En 1959 y 1964 aparecieron publicadas en francés dos de sus novelas.

Fragmento de uno de sus cuentos

LA NIÑA PRISCA

Se llamaba Prisca y llevaba uno de los apellidos más antiguos y respetados de la ciudad. Tenía ya 80 años cuando yo la conocí. Vivía en su casona de balcones enrejados y corredor al fondo, cuya pieza principal en esquina daba albergue a una refresquería o fuente de soda, donde también se vendían en encantadora promiscuidad y mezcolanza: dulces, panes, tapetes de croché que ella hacía, ajuares para bautismos y primeras comuniones, listones, trajecitos de niños, etc.
Yo la conocí por su fama, nada más. Sabía que la anciana tenía una de las lenguas más temidas de la ciudad. Era como esos periódicos de censura a los que se teme, pero son también respetados. Sus agudezas, su ingenio, su acierto en la mordacidad contra nuestros políticos sobresalientes y mujeres de sociedad eran famosos. Por eso llegué con cierto temor anidado allá en un rincón de mi corazón, a la casona que se levantaba atrás de la Catedral. Iba a ver a la niña Prisca para tratar el alquiler de un bonito y amplio apartamento que había arreglado contiguo a su casa. Lejos estaba yo de imaginarme que esa tarde conocería a un ser inolvidable, a una mujer que era todo un carácter.
Una de sus hijas de crianza, mujeres que pasaban ya de los cuarenta años, severas y huesudas en su prematura vejez, que atendían en la refresquería y le servían en todo, fue a anunciarme. Me hizo pasar a una sala muy ordenada, amueblada con antiguas mecedoras de complicadas patas, cuyos espaldares estaban adornados con fundas de croché. Una alfombra oscura cubría el piso y la habitación estaba en penumbra discreta. Apenas si por una ventana intentaba pasar el sol a través de una pesada cortina color amaranto.
Cuando entró la niña Prisca me puse de pie, tratando de ocultar mi sorpresa, porque no representaba más de 65 años y porque era la anciana más erguida y alta que he conocido. Llevaba un vestido negro de escote muy alto, cubriéndole hasta media garganta, con falda desgarbada, larga, muy larga, como exigían sus largas piernas. Además de alta, era llena, bien llena. Su cabeza completamente blanca, de cabellos relucientes, anudados sobre la nuca, y en el semblante pálido una sonrisa cordial, quizá un poco picaresca, juvenil, y unos ojos pequeños, negros, levemente astutos. La saludé, le dije el objeto de mi visita y entablamos conversación. Una conversación en que yo hacía esfuerzos por mantenerme a la altura intelectual de mi interlocutora y sobre todo, de su ingenio. Apenas con-taba yo entonces con veinte años. Varias veces solté la risa ante sus salidas y picantes comentarios. Le fui simpática (¡Gracias a Dios!) porque me dijo que se alegraría mucho de tenerme por vecina, siquiera por cuatro meses, mientras terminaban la construcción de mi casa.
Recuerdo que esa fue una época dura en mi vida. Circunstancias penosas nos habían obligado a vender nuestra hermosa casa, en la que estaban bellos recuerdos míos, y para mientras nos construían otra modesta en las afueras de la ciudad capital, habíamos buscado el apartamento de la niña Prisca.
Total, que a los pocos días estábamos instalados al lado de la refresquería más simpática y original que he conocido. Y convertidos en vecinos de la famosa anciana. ¿Anciana...? ¡Si tenía más jovialidad que cinco estudiantes locos!
Siempre tenía visitas, especialmente por las noches. Políticos de nota, mujeres de lo que en las ciudades pequeñas llaman de buena sociedad, muchachas casaderas, estudiantes...


Alexis Ramírez

https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgyzibcG3t9Vdhro9pp3He1DRUVIBMNslCm-Ew0LQEwTpYbXhYknlhesAsNdtFxE9xELn3l291_K6BYsqmJVcX4rFSbVfkzo2AttHLndcSOFHqSYS_4_C9JCnfL8zhuANN3oZeJQJ_t5mI/s320/Alexis+Ram%25C3%25ADrez.jpg

Nació en San Pedro de Tutule, departamento de la Paz, Honduras en 1943. Pertenece a la primera generación de periodistas profesionales de Honduras, graduados en la Escuela Superior del Profesorado, hoy Universidad Pedagógica Nacional, Francisco Morazán.
En 1974 recibió el Premio Único de Poesía “Juan Ramón Molina” patrocinado por la Escuela Superior del Profesorado, con su libro Perro Contado. Su obra ha sido traducida al inglés, francés, alemán, esloveno e italiano. Tiene publicados: Recuerdos del mañana [2006] Perro Contado [1976] y Cuenta Regresiva [2005].

Poema

DOS

Mis venas y mis nervios
dentro de ti lo saben
mis barquillos de papel indemne
retan pequeños lagos en las calles
el viento hunde sus raíces
y vuelca las velas

Un traje -azul -marinerito-lindo
mira este dolor grande
desde su poco dolor
y estruja mis sueños con sus botas nuevas

Un día creceremos
él asido a sus velas
yo hundido en mis lagos

las raíces del viento dolerán aún.


Heber Sorto

https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEiVGGDY6vfeypBMXk72jzVUTriUE7MR6Ju9lONyNvtPh91Ho2n-Gg3K0ENzkjQ527LhPfI4_pje7EplGwikiloDGescrFe_4P-OxxjjepqAtr7MgWRQxCWYf6KRm8cBf3cWh-bIUJ7mZME/s320/heber+soto.jpg

Nació el 5 de mayo de 1973 en Olanchito, Honduras. Ha colaborado con distintas revistas literarias en Honduras y Centro América. Forma parte de las siguientes antologías: Honduras, poesía política, compilada por Roberto Sosa, La hora siguiente, compilada por Salvador Madrid; Papel de oficio por el Ministerio de Cultura de Honduras y Antología de poetas centroamericanos para lectores argentinos compilada por Amalia Gieschen.

Poema

OJO DE PUERTA

Regreso a esta casa
Como quien vuelve de la Patagonia.
El cuarto tiene las uñas largas,
de todos lados salen los recuerdos

y se entrechocan por abrazarme.
Vuelvo a esta casa,
y nunca una casa ha tenido tantos amigos,
el vaso de agua no descansa.

Tocan,
yo voy a la puerta de siempre,
es decir, al ojo de la puerta para abrirle
al caballo a la mariposa, a la lluvia, al trueno.


Santiago Flores Ochoa

https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjqNrUrNbAA08B0OnORUO6RGKAygSsIpkmt8eMQ0mJ1OO0fYU_wRvVS4TLrnna_o5F-4dw36IEg1LUIAKIP2zvfTNT1O_MlomDbWT41ypPDQwriKYqBigAvZzZ1LdUuXFRC-VYxQ_00Glc/s320/Santiago+Flores+Ochoa.jpg

Poeta y diplomático hondureño. Nació en el año 1918 en El Paraíso, Honduras. Realizó estudios de Derecho. Como diplomático, representó a Honduras en Argentina y México, lugares donde editó la mayoría de sus libros. Fue un amante del soneto. Falleció en el año 1989 en Honduras.

Poema

ELLA

Ella era así: como las rosas, puras:
flor arrancada del jardín arcano,
resumía en sí la sin igual ternura
que necesita el corazón humano.

Mas, fue mi vida en el amor tirano,
sin castidad nobleza, ni ternura
fueron mis sueños un anhelo insano
y mis triunfos de amor, una amargura:

bohemio, loco de prestancia ambigua,
trillé la senda que trillaron otros
y fui como ellos, a la usanza antigua.

pero ella entonces, con su incomprendida
astucia de mujer lanzó mis potros
tras los áureos senderos de otra vida.



Víctor Cáceres Lara

https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhAeqWH77BjOSd_Za7rZ1CSIScLv33H5Jj7LsLO2lOGhGpTCKr0hJDZajnniLuFbWL_p62cJuEh6XGZPIgG-cdhezRXvjz7eZ4FfknGSGLKe2KKtnvTEd1gefTujnlROD-VBiAoXJwmt4Y/s1600/V%25C3%25ADctor+C%25C3%25A1ceres+Lara.jpg

Nació el 19 de febrero de 19 15 en Gracias, departamento de Lempira, Honduras y falleció el 10 de mayo de 1993 en Tegucigalpa, Honduras.
Trabajó por un tiempo como maestro de enseñanza primaria. Fue embajador de Honduras en Venezuela, miembro del consejo de redacción del diario El Día y columnista del diario La Noticia. Perteneció a la Academia Hondureña de la Lengua y a la Academia Hondureña de la Historia.
Más que poeta, fue un convencional historiógrafo, pero sus cuentos figuran entre los más acabados de su país. También ha cultivado el periodismo bajo el seudónimo de Manuel Trejo.

Poema

TIERRA DE MIS MAYORES

Morena y cálida tierra de mis mayores,
exúbera de frutos,
cansada de promesas:
eres sustento de todos los afanes,
inspiración febril de toda lucha
y estandarte flamante de los sueños.
¡Cómo te has puesto con los ósculos de mayor!
¡Cuál palpita tus seno dadivoso!
¡Cómo se ensanchan tu pujante extraña
y vaporiza su amoroso anhelo!.
Por las tardes contemplo tus colinas
verdes en sus ascensión hacia los cielos
como índice de esmeralda que señalan
las rutas de la lucha y las estrellas.
¡Cómo se ven tus ríos resonantes!,
Corren en la amplitud de las sabanas
fertilizando el agro y dando vida
a los rebaños de las mil vacadas
parecen las arterias que desangran
el seno sin rival de las montañas
y al dibujar sus curvas en los valles
simulan las serpientes que reptaron
en los cuentos lejanos de la infancia.
¡Cómo se ven tus campos prodigiosos!,
aquí el maizal arqueado por las brisas,
sobre las tierras húmedas y prietas;
allí el arado que al abrir los surcos
prepara el lecho tibio y generoso
para que al resucitar las semillas;
siempre el labriego que en espera eterna
hace olvido tenaz de sus fatigas,
para emprender su guerra contra el hambre.
Morena y cálida tierra de mis mayores,
exúbera de frutos,
cansada de promesas:
eres sustento de todos los afanes
inspiración febril de toda lucha,
estandarte flamante de los sueños.
¡Cómo te quiero con mi amor más vasto!.
¡Cómo te vivo en tu calor moreno!
¡Cómo te canto con unción de entrega!
¡Cómo te sueño en tu esplendor de gloria!
Animas mis anhelos: ¡Los enciendes!
Y vives en mi idea: ¡Las iluminas!
Te sueño en tu color de arcilla virgen,
húmeda de la emoción de las lloviznas
y encendida de luz cuando de bañas,
con el milagro de solares rayos.
Te sueño en la canción que da la lluvia,
mientras, entre relámpagos y truenos
lanzas tu aroma espiritoso y dulce
para que haya diluvio de recuerdos.
Tu canto con mi vos llena de arrullos,
verde y feliz cuando la hierba cubre,
los flancos empinados de los cerros
y cuando baja la furia del verano
se estremece tu entraña calcinada
por la mordida cruel de los calores.
Te canto siempre con mi voz ardida
de puro amor, de anhelos de grandeza,
de sueños y de ideas que persiguen
una ruta de luz en tu futuro.
Y siempre anhelo que tu altiva gloria,
semillero de puros heroísmos,
se dilate sin fin por los espacios
cubriendo el tiempo de sonoros himnos.
Pienso en el sacrificio de tus mártires,
en el sacro evangelio de tus santos,
en la lucha invencible de tus héroes,
en la alba nitidez de tus patriarcas
y en el empeño recio de tu pueblo
por abrirle la puerta a la esperanza.

¡Morena y cálida tierra de mis mayores,
exúbera de frutos,
cansada de promesas:
que lleguen las fecundas realidades,
que fructifiquen ya las esperanzas
y que resuene el coro de los hechos
por encima de estériles palabras!


Felipe Elvir Rojas

https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhfjoqSGN0V0v3UyZJUnTMeeMfCQmx32NLYMeNtpRJOMUvgnswNtJOkw8iCVmkiZtIZMHvaGnY6l3uwoh_YEKYlHHXAXF87-xjXRKXjfDJZ28ykKcBQJbKfhUnptkGvoqExbc0YK6T29_0/s1600/Felipe+Elvir+Rojas.jpg

Nació el 19 de junio de 1927 en la agreste campiña de Las Animas, jurisdicción de Danlí, El Paraíso y falleció el 11 de agosto de 2005 en Tegucigalpa, Honduras.
Amó entrañablemente a su familia que hoy llora inconsolable su partida. Lo sobreviven, su esposa doña Socorro Zavala de Elvir, sus hijos, nietos, sobrinos y su hermano Horacio Elvir Rojas
Se graduó de licenciado en Derecho, pero su pasión siempre fue la literatura. Decía con mucho orgullo que su afición por los poemas, la heredó de su madre Rosaura y la fortaleza de su carácter de su padre Ismael, un inclaudicable liberal que le enseñó a amar con pasión al Partido Liberal.
Enseñó el pan del saber en la escuela "Lempira" de Comayagüela. Hoy esos alumnos lo recuerdan con mucha admiración y respeto, porque lo que aprendieron, fue para siempre. Fue de los maestros de antes, de los que hoy quedan pocos.
Ha desempeñado en diversos cargos públicos, entre ellos el de vice ministro de gobernación. Fundó en 1956 la revista literaria Pegaso y las ediciones del mismo nombre. Junto a su amado hermano Horacio fue diputado al Congreso Nacional y distinguido dirigente de la enseña "roji-blanca", ocupando la presidencia del Consejo Central Ejecutivo del Partido Liberal en 1970.
Fue insobornable. Demostró su capacidad y profesionalismo al actuar con mano firme al ocupar posiciones públicas en los gobiernos liberales. Fue director de El Pueblo, órgano del Partido Liberal y columnista fundador de La Tribuna.

Poema

BREVE DE LAS TARDES

¡Oh, amada,
no recuerdes las tardes imposibles!
¡Duele tanto el recuerdo!

Es tuya mi palabra
que vacila en la cárcel de la boca;
tuyo mi verso azul y sus metáforas.

Eres la vida misma entre mi sangre
y horizonte de luz en mi esperanza

No hay dudas ni reproches,
porque supimos olvidar las tardes
uniendo para siempre nuestras almas.

Hoy mi verso jocundo
busca asilo en la noche de tu pelo,
y mi nombre es tu nombre
sin sílabas amargas,
sin desprecios que queman como brasas.

No recuerdes las tardes imposibles,
porque nuestra es la vida
erguida en el velero de las ansias.

La paz es con nosotros
Porque supimos olvidar las tardes


José Adán Castelar

https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjPyMIepdLEw1RqCtbFHVNeaNNUNs9vzOQgSpnxrFNA_jlMQfM6_mtlasYij2dOCOy82JGGJGKZOrjScmGGUhEdXOcpYR9X2VmWt2D_thffAyYH60jStg6Mf12qIBPEO5_lLWogLB93k8o/s1600/Jos%25C3%25A9+Ad%25C3%25A1n+Castelar.jpg

Poeta hondureño. Es uno de los hondureños más preocupado por el oficio poético, sobresaliendo por un sostenido trabajo. Nació el 9 de abril de 1941 en Atlántida, Honduras y fallece el 24 de diciembre de 2017. Perteneció al conocido grupo de poetas caribeños La Voz Convocada, grupo literario de la Ceiba, que rectoraba Nelson Marren, ha colaborado en los suplementos de los diarios El Día, La Prensa y El Tiempo, como también en la Revista Presente. Dirigió en Tegucigalpa el plegable literario “Cuarto brujo”. Actualmente es el director de la Hemeroteca Nacional.

Poema

CANCIÓN

¿De qué estás hecha tú?
Eres viento cuando te canto,
carne cuando te poseo,
olvido cuando callas,
muerte cuando no vienes.
Una canción vale un amor,
la carne un deseo,
el silencio un olvido,
tu ausencia la muerte.
¿De qué estás hecha tú?
¿De preguntas, de respuestas?
Entonces, quédate y me lo dices.

José Luis Quesada

https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhkVNKQ1Unxzla-_xKYwRl3olpDBJRRBelG5oTQpaY2FOlPecWeZ2qjIq1s_nwt_ubNlA2qDL9RJ7E-2zXFZGRijddYQ_Q1s4Bo0I-ZWB8DLX39hqXTJBbDY2VY9BqTfa6ttqC6t1NF-VM/s320/Jos%25C3%25A9+Luis+Quesada.jpg

Nació el 22 de septiembre de 1948 en Olanchito, Honduras y falleció el 23 de septiembre del 2019. realizó estudios de Filología en Costa Rica. Fue finalista del premio centroamericano Juan Ramón Molina en Tegucigalpa y la UNAH le concedió en 1992 el José Trinidad Reyes en reconocimiento a su obra.
Junto con Nelson Merren, Tulio Galeas y José Adán Castelar, perteneció a los grupos culturales “La Voz Convocada” y Tauanka; el primero en la ciudad de La Ceiba y el segundo en Tegucigalpa, allá por los años sesenta.
Gran parte de su producción poética ha sido reproducida en el libro colectivo “La voz convocada” (1967) y varias antologías literarias. En el tratamiento de sus temas revela una sabia utilización de los recursos formales, desde la exploración en lo cotidiano a las referencias culturales, desde la indagación existencialista a las respuestas humanas en el devenir histórico. Para determinados críticos, su poesía se adhiere más a un tono conversacional que a un lenguaje eminentemente literario.
Es de los poetas que escriben como trabaja un cirujano: hundiendo el bisturí sobre la piel de la patria, en las carnes más infectadas. De allí que nos entrega una poesía en donde se percibe una preocupación por el hombre, por el ser humano, por el amigo hermano, el hondureño.
Sus poemas no son producto de un lirismo refrito que termina levantando banderas o alzando los brazos en favor o en contra de esta o aquella idea. No. Sus poemas reflejan el sentido profundo e inesperado, ilógico e irracional de nuestra realidad.

Poema

LA MEMORIA POSIBLE

Esto acaba de un golpe:
te llevarán a un cuarto húmedo
sin retrete
te obligarán a dormir sobre tus excrementos
entonces oirás mi voz
oirás que te llamo
se harán presentes todos tus recuerdos
pero no escuches los lamentos
de los endebles asesinados
que aún ahora no tienen lugar fijo
y extrae del espanto de esos días
toda la cólera posible:
no olvides que desafiaste a la policía
porque no quieres ser guardián del orden público
de eso se trata y ya estuviste preso
en esta y en otras prisiones del país
y en las cuarterías donde se pudrió tu niñez
tu vida ha sido una prisión sin límites
has caminado muchas noches
y no llegaste nunca de una pared a otra
sabes lo que vendrá
la fórmula es sencilla:
te matarán esta misma noche
o te pondrán en libertad tiempo después
conociendo las cosas
hablemos de la broma mortal
que les gastarás al salir
lo otro no necesita comentario. 


Raúl Gilberto Tróchez

https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEheUWv2JG07a9Y1tt90GWq1DPJUCrWBHXBHeEbKjVyPS9pXFCRVbpk_OqeThnp6EdeWb8PCto-lOb6r7Z1M-fTNJZaCi7pNe90PJzh1C3nn3jYsEDshAR1t-s7SMhDc246Tvk6Q_yrHCps/s320/Ra%25C3%25BAl+Gilberto+Tr%25C3%25B3chez.jpg

Nació en el año 1917 en Honduras. Fue el esposo de la conocida periodista cultural Nora Landa Blanco de Tróchez. Fue, durante varios años, director de la Biblioteca Nacional de Honduras y agregado cultural de la Embajada de Honduras en México. Falleció en el año 2000 en Honduras.

Poema

CON LAS MANOS VACÍAS 

Con las manos vacías
es preciso cantar
porque el hombre se vuelve
un eterno soñar,
Con las manos vacías
es propicio el amor
porque el alma se vuelve
un divino fulgor.
Con las manos vacías
se genera lo ideal
si amorosas escrutan
sobre lo espiritual.
Con las manos vacías
¡cómo vibra la vida!
¡Cómo somos felices
cuando sangra la herida
que llevamos adentro,
mientras ríe, inconsciente,
la mesnada inconforme
que sueña potente!
Con las manos vacías
Nos parece la luz,
Cireneo que aguarda
Y nos lleva la cruz
Sin las manos vacías
Por el vasto Universo,
Nunca hubiera brillado
el lucero del verso,
ni siquiera los trazos
del florido camino
tras la luz de los astros
y el misterio del trino.
Con las manos vacías
inquiriendo en lo Arcano
es posible elevarse
y ahondar en lo humano.
Con las manos vacías
de los sueños en pos.
nos volvemos humildes
y llegamos a DIOS…


Juan Ramón Saravia

https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEg4sDeZd6wM0zlk0IS3I93APTeDu08ngABd8oZFEdC-QTWA3huAXwgMcHd9UVxbr4kvpcUX3_PGpnmduUsajIYxJrQzKEZLYU-NYo7_EtQc6FDAMi3Z1Q33J_eO1caOTcbIdEeCLVhwPGQ/s320/Juan+Ram%25C3%25B3n+Saravia.jpg

Nació el 25 de junio de 1951 en Petoa, departamento de Santa Bárbara, Honduras. Profesor de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), jefe de redacción de la Revista Tragaluz, que publicaba la Editorial Guaymuras en Tegucigalpa y codirector del suplemento Cronopios del diario Tiempo de San Pedro Sula. Finalista del concurso latinoamericano de poesía "Rubén Darío" (1986), primera mención de otro del mismo nivel en México (1988) y finalista de Casa de las Américas el mismo año.

Poema

EL HOMBRE SIEMBRA EL MUNDO EN SU JARDÍN

Cada mañana
el hombre saluda uno por uno los rincones de su casa,
abraza con el corazón el sol del patio,
conversa con los líquenes,
con los clavos de las vigas,

comparte con su perro
el terrible secreto de llevar los días
y abre de parte a parte, a la orilla de los pájaros,
el mar.
Pero un día cualquiera
el hombre recuesta su levedad en la pared del tiempo
y el tiempo le bebe su único segundo
y el Universo se niega a dar un paso más.


Jaime Fontana

https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgYabwTWlYCuGo-AxTQ-2JoBlg_oUjJyWDeO34IdLMQQbVE4HXUy_IloIgBWyo-tq8qaQILIZko2Ag3lyrSGDP885OdSYn_8H6hE7tZ9diglOadKItLtjwwRXYd-YqDd5e2l_bseUrvV7g/s320/Jaime+Fontana.jpg

(1922-1972). Poeta, periodista, diplomático y académico. Su verdadero nombre fue Víctor Eugenio Castañeda, nació en Tutule, departamento de La Paz, el 13 de abril y murió el 26 de junio en Tegucigalpa.

Estudio Leyes en la UNAH. Se destaco como periodista al surgir los programas en la televisión hondureña como El consultorio del aire, programa semanal producido y dirigido por él.

Escribió en un diario bonaerense. Su libro más conocido “Color Naval”, editado en Buenos Aires en 1951 y publicado en 1952, refleja una mezcla de alegría, nostalgia y tristeza, además, apareció en el Fascículo 3 de la serie 11 poetas hondureños.

Poema

COLOR NAVAL

Piloteando su sueño entre la aurora,
llegó hasta mí con intención naval
(Lactó en la nube, se educó en el viento)
y fue inmigrante de mi soledad.

Oriunda de la ausencia, precedida
por la fluvial prestancia de su voz
se detuvo en la arena de mi espera
y me estrechó la mano y la canción.

Antes, sin que llegara, supe de ella
como supe del aire y de la sal;
ya conspiraba, suelta entre mis venas,
su presencia de alondra intemporal.

Tutora de luciérnagas y frutos,
aroma y trino en actitud visual,
tertulia de metales en la risa
y la mirada de color naval.

Y sus labios hurtando a la palabra
algún raro sabor sin estrenar
y ese sabor inédito en su canto
y el canto en plena posición solar.

Ella es así. Y anarquizó mis venas
para imponer y vertebrar mi afán,
Tiene el deber agrario de las lluvias;
las lluvias alimentan y se van.

Fundando golondrinas en mi sueño,
inaugurando nervios en mi voz,
estuvo en mí, fugaz, entre la noche,
piloteando su ensueño se alejó.

Nadie ose atarla, emigra hacia la ausencia
siempre nuevas ausencias la urgirán:
Ya está en el patrimonio de los vientos
su incorregible vocación naval.


Bibliografía